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La realidad que las encuestas aún no logran ver

Actualizado: hace 5 días

Por EUREKNOW | Consumer & Public Affairs.


El fin de la encuesta “de cuadra” en un Ecuador emocionalmente saturado que nos muestra que el dato no alcanza.

Encuestas en la calle

En la consulta popular y referéndum del 16 de noviembre de 2025 pasó algo que nadie quiere mirar de frente: las encuestas volvieron a fallar.

Los estudios publicados días antes anticipaban, en el mejor de los casos, un escenario mixto con varias preguntas ganadas por el “Sí”, sobre todo en financiamiento a partidos, reducción de asambleístas e incluso Constituyente. El resultado real fue otro: el NO se impuso en las cuatro preguntas, y con márgenes amplios en la mayoría de provincias, hoy ya con datos oficiales del propio CNE.

No es la primera vez que pasa. Ya lo vimos en otros procesos:

  • Colombia 2016: casi todas las encuestas daban por ganador al “Sí” a la paz; ganó el No.

  • Brexit 2016: la mayoría de sondeos pronosticaba permanencia en la UE; ganó el Leave 52–48.

  • Chile 2022 y 2023: dos propuestas constitucionales rechazadas con fuerza, con encuestas que subestimaron la magnitud del “Rechazo” y el desencanto ciudadano.

En todos esos casos hubo un patrón común:

Las encuestas midieron opinión racional en contextos donde la decisión era profundamente emocional.

Y si algo dejó claro este resultado, es que no se puede seguir midiendo a un país emocionalmente agotado con herramientas pensadas para un ciudadano que ya no existe.

El erro no fue estadístico, fue psicológico

La metodología tradicional en Ecuador y gran parte de América Latina sigue siendo la encuesta cara a cara con muestreo aleatorio por conglomerados: se seleccionan sectores, manzanas, casas, y se toca puerta a puerta intentando replicar el diseño muestral en campo.

Sobre el papel suena bien, pero hay tres supuestos sobre los cuales ya no se "debe" operar:

  • Que el ecuatoriano responde lo que realmente piensa hacer.

  • Que el terreno donde se deben hacer las encuestas es accesible.

  • Y que la "mayoría" de la gente te abre la puerta y está dispuesta a responder.

Ninguno de estos supuestos se sostiene. La inseguridad, la sobrepolitización, la fatiga social y la desconfianza han hecho que la gente:

  • No quiera abrir la puerta a cualquier persona.

  • No quiera hablar de política.

  • No quiera ser estigmatizada.

  • Diga lo que "suena correctamente aceptado".

  • Diga lo que evita el conflicto.

Y aquí nace el problema, la encuesta cara a cara no puede medir lo que se necesita medir si la gente está en modo "autoprotección".

En un país con miedo es importante detectar los nuevos inconvenientes, que al parecer algunos no los ven aun, o los minimizan. Estos son temas que deben estar claros para abordarlos con-ciencia y corregirlos. Estos problemas son:

  • La inseguridad no es un matiz; es un quiebre metodológico.

  • Hay zonas donde no se puede entrar, unos por ser barrios peligrosos y otros conjuntos herméticamente cerrados con seguridad privada.

Ignorar esto sí es una irresponsabilidad estadística.

Por otro lado, además de las complicaciones citadas anteriormente, tenemos a un ecuatoriano ahogado en polarizaciones políticas sumadas a la cultura emocional del ecuatoriano que no le gusta quedar mal, no le gusta incomodar, evita el conflicto y quiere quedar bien con los otros. Esto acarrea delicados aprietos frente a una encuesta:

  • Las personas responden lo políticamente correcto.

  • Oculta su respuesta detrás de un "no sé".

Las encuestas tradicionales miden respuestas explícitas, racionales o lógicas. Sin embargo, no logran extraer al realidad que está en el subsuelo subconsciente de la gente.

Estamos frente a ... ¿El retorno de los brujos?

No es que haya que enterrar la encuesta tradicional. Pero sí hay que decirlo claro:

En entornos de alta violencia, alta desconfianza y alta saturación emocional, la encuesta tradicional y sus componentes: su muestreo y diseño de los instrumentos, por sí solos, son insuficientes para anticipar el comportamiento del votante. En otras palabras, lo que queremos decir es que, seguir haciendo lo mismo de siempre y esperar mejores resultados es una forma elegante de autoengaño estadístico.

La información es proporcionada por personas, no por robots

Creemos que la investigación del consumidor en particular y del ser humano en general ha perdido su foco, al menos en Ecuador. Muchos siguen usando tecnología antigua en un consumidor que hoy ya no existe.

La forma de medir el comportamiento del votante debe apoyarse en la nueva tecnología y métodos científicos, que los hay y muy buenos, que eliminen los sesgos antes mencionados, adaptándose a la nueva realidad de los diferentes mercados.

  • La solución no es forzar el muestreo, sino flexibilizarlo sin perder representatividad: encuestar donde el ciudadano puede responder, no donde la empresa quiere preguntar. El muestreo debe adaptarse al espacio seguro del encuestado sin sacrificar la estructura estadística.

  • El instrumento debe ser capaz de medir la incertidumbre ocasionada por la presión emocional que oculta las verdaderas decisiones de la gente. Si no mide miedo, presión e incertidumbre, el cuestionario solo recoge ficción.

Aquí mencionaremos solamente tres, de los diferentes caminos, que en Eureknow hemos usado con excelentes resultados.

  • Panel online. Construido con consumidores, distribuidos a lo largo de todo el país, que han dado su autorización para recibir invitaciones para responde encuestas.

  • Teoría de las necesidades emocionales del consumidor. Tomada del psicoanálisis, profundiza sobre los mecanismos subconscientes que trabajan en la toma de decisiones del consumidor.

  • Matemáticas difusas. Permiten medir grados de duda en vez de obligar al encuestado a elegir entre sí o no.

Ejemplos donde hemos usado estas herramientas los puedes encontrar en este mismo blog:

Otro ejemplo: Construimos un mapa del voto duro en Ecuador.

Desde la lectura Eureknow (más emocional que ideológica), el Ecuador actual se organiza más o menos dentro de los siguientes segmentos:

  • Votante nostálgico, identitario y de pertenencia: 25% de los votantes. Este segmento es el más cercano al correismo duro.

  • Votante moralista, de rechazo al pasado basado en enojo acumulado: 19% de los votantes. Este segmento es el más cercano al anticorreismo duro.

  • Votante que busca orden, juventud y liderazgo firme: 12% de los votantes. Este es el segmento más cercano a un noboismo aun en construcción.

  • Votante desconectado que no se casa con nadie: 44% de los votantes. Este segmento es libre y es el que rompió con las elecciones últimas. Este es gente que: desconfía de todos, se siente agotada y no cree en las instituciones.

Ningún muestreo por conglomerados, ningún cuestionario clásico y ninguna “intención de voto” directa puede capturar eso… si no medimos el fondo emocional y no tenemos bien representado al ciudadano ecuatoriano en nuestras muestras.

Conclusión: el dato no murió; lo que murió fue la ingenuidad metodológica.

La Consulta 2025 volvió a dejar algo profundo al descubierto:

"Si seguimos usando herramientas pensadas para un elector tranquilo, en un país que ya no existe, seguiremos fallando."

No se trata de abandonar las encuestas, se trata de recalibrarlas:

  • incorporar emoción,

  • entender el miedo,

  • modelar el voto oculto,

  • aceptar que la seguridad condiciona el trabajo de campo.

Ese es el camino al que Eureknow ya empezó a moverse. Y la consulta 2025, por dolorosa que haya sido para la industria, es la confirmación de que ese camino es necesario.


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